Técnicas Sexuales para novatos

Es muy pero muy frecuente encontrar jóvenes e inclusos adultos de 40  ó más años que desconozcan algunos temas en relación al acto sexual inicial, y en especial a la hora de confrontar los primeros pasos en la cama. He aquí un completo resumen que quizás podrá ayudar a pasar la prueba tanto a hombres como para mujeres que de alguna manera aún sean vírgenes o estén algo oxidados. ¡Que lo disfrutéis!

La postura del novato recuerda a esos momentos de la juventud, cuando el placer del hombre pasa por ser más activo que su pareja. Ella no tiene otra elección que someterse a su amante, que debe aprender, con esta posición del Kamasutra, a convertirse en un profesional del sexo.

Atrás quedan los años del instituto. ¡También las primeras experiencias sexuales! Pero el Kamasutra ayuda a vivir de nuevo los recuerdos de juventud que pensabas que nunca volverían. La posición del novato es la de un inexperto que debe aprender muy rápido. La de los chicos seguros de sí mismos y optimistas que éramos. Un estudiante en plena forma y capaz de realizar las mayores proezas en los juegos, sexuales o no.

El novato coloca delicadamente a la mujer en la cama. La levanta con sus manos por las caderas mientras que ella apoya su cabeza y sus hombros sobre la almohada. Los dedos de sus pies apenas alcanzan la cama. El hombre se pone de rodillas, acercando firmemente la vagina a su sexo. Es el único que decide en el vaivén, porque la mujer, en esta posición, no tiene amplitud de movimientos. En esta postura dominante, el hombre puede contemplar a su pareja, pero se encuentra también limitado: sus brazos están bloqueados y la penetración resulta difícil.

Esta postura es perfecta para lograr una rápida excitación, pero es extenuante. El hombre no puede aguantar más que unos minutos y la mujer puede sufrir rápidamente dolores musculares por la incomodidad. El hombre puede entonces cambiar de postura arrodillándose y dejar así a la mujer más a gusto. “El novato” es una posición de transición perfecta, entre la de un hombre dominante y la de una mujer que lleva el control. ¡Hay que respetar la igualdad!
El misionero
La posición del misionero es la más frecuente en nuestra civilización. Por eso tiene la reputación de ser una postura banal y rutinaria. Pero sigue siendo para muchas parejas una posición cómoda y dadora de sensaciones fuertes. Un preludio para la excitación o al contrario, la última posición para abandonarse al gozo.
En esta posición cara a cara, el hombre se sitúa encima y la mujer se tiende sobre la espalda. Él está echado sobre ella pero, para no aplastarla, no deja todo su peso muerto y se apoya con sus codos y rodillas. Casi siempre, las piernas del hombre se colocan entre las de la mujer, éstas ligeramente plegadas. Ella busca conseguir el contacto más próximo entre su clítoris, o la región clitoriana, y el pubis de su pareja con fin de obtener, durante el coito, una estimulación genital eficaz. Para ello, puede plegar más sus rodillas o contraerlas hacia sus hombros o cruzar las piernas por detrás de la espalda del hombre. Cercando el tronco de su amante con sus piernas, ella puede juntar los pies en su espalda.
Algunas ponen una almohada bajo sus riñones y otras no sienten bastante estimulación si no deslizan su mano entre los dos cuerpos para aumentar la presión sobre su clítoris. Según la complexión física del uno o el otro, la solución varía para cada pareja. Además, es interesante modificar la postura para experimentar las distintas sensaciones.

La penetración sobreviene durante los movimientos o bien uno de los dos puede coger y guiar el miembro. En el misionero, la pelvis de la mujer está bloqueada por el peso del hombre y ella tiene menos amplitud de movimiento, mientras que él puede mover ampliamente sus caderas. Los besos están limitados al rostro, el cuello y los hombros, mientras que él puede únicamente acariciar a su pareja sosteniendo todo su peso con un sólo brazo, lo que se revela muy incómodo. Problemas de sobrepeso, dolores articulares o el embarazo son factores que hacen desagradable esta posición. Habría que recurrir a otra solución, mejor adaptada.
Pero la posición del misionero tiene una ventaja esencial: el poder mirarse a los ojos, besarse mutuamente, un contacto físico intenso, abrazos cerrados...
Dr. Yves Ferroul
La posición del barco de vela
En la búsqueda de placer sin límites, perder el control es importante, incluso primordial. Un amante tiene que aprender a dejarse llevar sensualmente por los deseos de su pareja. Con la posición del barco de vela, la mujer cede a su compañero el control del timón. Una vez levada el ancla, el capitán puede guiar la nave.

Al igual que los marineros no temen los caprichos del mar y se lanzan a un largo viaje con valentía, el amante debe buscar emociones, sorpresas y aventuras. Así la pareja experimenta una agradable sensación de ir a la deriva sobre las olas, en la posición más sorprendente del Kamasutra.
La mujer se coloca en el borde de la cama, con sus piernas hacia arriba, acostada sobre su espalda y se abandona a los deseos del hombre. Él se arrodilla frente a ella y abre los muslos de su amante, sujetándole los tobillos. Como un capitán y su barco, el hombre dirige la situación, penetra a la mujer y domina el vaivén.
Da comienzo así a la mejor parte del encuentro sexual. El capitán dirige el timón a la izquierda o la derecha, ladeando a la mujer. Las sensaciones de la vagina concuerdan con el movimiento balanceante. Ella es como una barca echada a la mar, siguiendo los designios del oleaje. Aún embargada por una suave sensación de mareo, puede notar la penetración profunda y relajante. El amante goza de una perfecta perspectiva de su pareja, jugando con la idea de dominar la situación. Ralentiza o acelera el movimiento y puede cambiar la inclinación de las caderas o el ángulo de las piernas. Si es necesario, se puede colocar un cojín bajo las nalgas de la mujer para facilitar la penetración.
El capitán, contra viento y marea, se mantiene a flote hasta conseguir el placer culminante. Cuando la tempestad deja paso a la calma, la barquita puede retornar a buen puerto, esperando un próximo viaje lleno de más sorpresas.
Faris Sanhaji
El  internacional 69
Estar pies contra cabeza, lo que claramente simbolizan las cifras 6 y 9 unidas, es sin duda la postura que evoca más imágenes, aunque no es una posición de penetración vaginal o anal. Consiste en que cada miembro de la pareja una la boca al sexo del otro.

En realidad, esta unión puede realizarse en tres situaciones diferentes: el hombre echado de espaldas y la mujer sobre él, o a la inversa, o ambos echados de costado. En la pareja homosexual, el cambio de papeles en las posiciones de espaldas no modifica la figura: son las sensaciones experimentadas por cada uno que cambian.
Además, ya que en teoría nada lo impide, los más flexibles y deportistas intentarán hacer esta posición con el hombre de pie, sujetando a su compañera contra él. Pero el común de los mortales actuará sabiamente si se contenta con soñarlo. La dificultad es grande y el riesgo de accidente innegable. 
La mayoría de los grabados representan al hombre cómodamente instalado de espaldas. La mujer está a cuatro patas encima de él y deja pasivamente que la bese y acaricie con los labios y la lengua. También puede multiplicar los efectos con frotamientos intensos o variar el contacto con movimientos pélvicos para hacerlo más preciso y fuerte. El hombre tiene las manos libres para acariciar sus nalgas y sus riñones, para guiar sus caderas y multiplicar así las sensaciones.
La mujer besa el pene del hombre o lo mima con sus labios y lengua, se lo introduce un poco o mucho en la boca para una caricia circular más envolvente. Puede mantener su cara frente al miembro, enderezándolo verticalmente, o colocarse un poco de lado con la frente apoyada sobre el vientre, la ingle, los muslos del hombre…
En una posición así, la excitación que sobreviene a cada uno se refuerza con la que al otro se procura y con el carácter provocativo de estas posturas.  Pero algunas personas pueden creer que estar atento al placer del otro no deja a abandonarse totalmente al suyo propio. Prefieren separar el tiempo del cunnilingus y el de la felación. Es cuestión de gustos y la pareja ha de ser bastante abierta para que cada uno pueda pedir y obtener el juego de boca que satisfaga su apetito sexual.
Dr. Yves Ferroul

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